El único pez capaz de sobrevivir en el Támesis fue la anguila. Como resultado, la población más desfavorecida de Londres inventó numerosas recetas con anguila. Antes de la invención de la nevera, la única manera de almacenar la carne era envolviéndola en gelatina. Hoy en día, la anguila se sirve troceada con gelatina, especias o vinagre.