Hay distintas versiones sobre la invención de los huevos escoceses. La mayoría de las fuentes aseguran que se hicieron por primera vez en la tienda Fortnum and Masons de Londres. Eran proveedores de la casa real para distintos productos, y sus archivos se remontan a la década de 1730. Los huevos escoceses, preparados de acuerdo con la receta tradicional, deben tener una concha dorada y crujiente, y su sabor no es de este mundo.